La realidad supera toda ficción en su mágica y profunda
intimación del drama.
Sin saber y sin poder, la gente se paraliza ante el horror
de la urgencia y cuanto mas dramática ésta és en sus mentes,
más les hierve la sangre de la impotencia.
En la búsqueda casi absurda de ayudar al moribundo otros
entienden cuan egoístas son con respecto al otro, la desfachatez
del impulso centro universal de la raza humana y a su vez el
auto rechazo ante él, lo convierte en un ser incongruente y
quejan te de sí mismo, por la realidad a la que se aferra y
piensa que no puede escapar, cerrando delante de sí otros
caminos y ríos de agua clara que lo llevarían al éxtasis interior,
pero amargamente se auto convencen de que otra no hay...
